Ver imágenes del Abrazo simbólico a Tribunales, convocado por el PRO,
el peronismo disidente y Unión por Todos, de Patricia Bullrich, es como ver
postales del 55. Postales de ese 1955 en el que Perón era destituido y la lucha
de clases –si no por única vez, al menos por una de las pocas- se mostraba explícitamente
en la Argentina. Los
pobres se lamentaban y los ricos lloraban, así de simple. Ernesto Sábato, que
no era peronista ni mucho menos, lo supo ilustrar: “mientras los doctores, hacendados y escritores festejábamos
ruidosamente en la sala la caída del tirano (Perón), dos indias que allí trabajaban tenían los ojos empapados de lágrimas.
Y aunque en todos aquellos años yo había meditado en la trágica dualidad que
escindía al pueblo argentino, en este momento se me apareció en su forma más
conmovedora”. A esa “trágica
dualidad”, a esa lucha de clases –entre indias
y doctores, entre villeros y gente
bien- y a ese odio antiperonista es al que hacen alusión los que dicen que los
gobiernos kirchneristas son agresivos y dividen a la gente. Acusar entonces a
los Kirchner de haber dividido a la sociedad sin considerar que esto ya existía
en 1955 y había sido provocado por peronistas y también antiperonistas, puede
ser un tanto equivocado.
El eje de esta nota, sin embargo, es lo de Tribunales. La gente
bien, la que se hallaba reunida allí en reclamo de “una justicia
independiente”, era mayoritariamente gente grande: mujeres que vestían sacos de
invierno, pañuelos alrededor del cuello y carteras elegantes, y hombres en
camisa, o chomba, sweater y algunos
hasta con corbata. Pero eso no es ni lo único ni lo más preocupante de lo que
comparte ese septiembre de 1955 con este mayo de 2012. Lo grave es que se
respiraba odio en esta gente. Odio destituyente, como lo deja en claro el mismo
diputado Eduardo Amadeo, quién le dice al agredido movilero de 678 que “los enojados van a ser ustedes cuando se les acabe esta fiesta”,
la mujer que dice “la queremos abajo”
o el hombre que dice “ya les queda poco”.
Pero si hay algo que remite a esa lucha de clases que se vio en septiembre del
55 –y a esa derecha irrecuperable que siempre tuvo Argentina- es los motes que
usan, con connotaciones despectivas, los reunidos en Tribunales: “hija de un colectivero” para Cristina, “los pobres negros” para los angoleños y
“la vieja de Plaza de Mayo” para Hebe
de Bonafini. El resto son los insultos típicos, pero no por eso menos cargados
de odio:
El reclamo, que hasta puede ser válido (para serlo habría que ver qué se entiende
por “justicia independiente”, en base a qué consideran dependiente a un juez,
si se incluye en el reclamo a las presiones que ejercen sobre algunos jueces el
establishment y los remanentes de la dictadura, por ejemplo) queda
tapado por el show montado y la
parcialidad marcada con la que hacen sus críticas. Como con el Queremos preguntar de periodistas en el
programa de Lanata, que plantearon algunos reclamos válidos (como el cartel
dónde se leía “NO AL ESCRACHE A PERIODISTAS NO OFICIALISTAS”) pero de forma
unilateral y con el odio propio del clásico antiperonismo.




